A través de la nueva exposición individual de Carmen Marin, WIN Gallery os invita a aventurarse «Más allá de lo habitual» en un viaje apasionante, estimulante y lleno de satisfacciones, desde la sobrevivencia hasta el placer de vivir.
Todas las vidas se construyen, en cierta medida, en torno a lo habitual y en el espíritu de lo mismo. Las rutinas, las normas, las repeticiones, las convenciones y las cronologías son formas de estructurar la inmensidad y el carácter abrumador de la existencia, de encontrar patrones y razones. Lo habitual es generalizable. Es fiable, predecible, absolutamente necesario para la humanidad, pero insuficiente para el ser humano.
La singularidad del individuo se basa en el valor de buscar lo que hay más allá de lo habitual, en la capacidad de evadirse de lo cotidiano hacia lo irregular y excepcional, de alternar la objetividad funcional con la ensoñación subjetiva. Es quizás el viaje más desafiante de (auto)exploración: el que va de la supervivencia a la «joie de vivre» (el placer de vivir).
Carmen Marin tiene una forma distintiva y encantadora de plasmar esta lucha en sus cuadros. Son, en parte, autobiográficos. Al espectador le resulta, además, fácil reconocerse en ellos. Evocan una sensación de familiaridad, un vínculo intuitivo con su significado, como si entráramos en un espacio mental común, uno que atraviesa la esfera personal sin borrarla.
Influenciada por el expresionismo, saca a relucir la intensidad de la emoción y el pensamiento que desafían las apariencias y las «realidades» excesivamente simplificadas. El énfasis pasa de lo unitario a la naturaleza amalgamada de las ideas. Cada obra es un compuesto, un conjunto de historias e imágenes estratificadas grabadas en la memoria.
Carmen Marin utiliza con maestría la ilusión para resaltar lo que está más allá de lo evidente y lo momentáneo. Los objetos de uso cotidiano, fácilmente reconocibles (por ejemplo, mesas o sillas), suelen ocupar el centro de sus obras, pero el espectador atento observará que no están anclados al suelo ni son estables, sino que se inscriben más bien en un mundo fantástico e imponderable de personajes y escenas dispares. Es como si estuvieran ahí para «evocar», para actuar como una magdalena proustiana y reconstruir, no a partir del presente, sino de un pasado capaz de soportar el paso de los años y las épocas.
La memoria es encaje. Recordamos y narramos fragmentos de nosotros mismos y del tiempo. Detalles ramificados y ornamentados se entrelazan como hilos de vida e identidad. Sin embargo, la profundidad del ser no se encuentra allí, sino en los huecos del encaje, donde los pensamientos y los sentimientos, los sueños y las derrotas fluyen y se funden unos en otros, donde el ahora y el entonces se convierten en uno mismo.
No existe ningún nombre, ninguna definición ni representación para estas partes que faltan, que permanecen en la oscuridad y, sin embargo, son tan relevantes. Lo único que se puede comprender es su estado: una ausencia relativa y, paradójicamente, una presencia intangible. No es casualidad que la exposición paralela de Carmen Marín, organizada por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Bucarest, se titule «Ausencias».
¿Significa esto que todo lo que se ve y puede conocerse es superficial y artificial? No, solo incompleto. Solo un recordatorio de la bendición de olvidar. Solo una limitación genial que nos hace evitar el trágico destino de Irineo Funes, el personaje ficticio creado por Borges, un hombre que recuerda todas las cosas, las iguala a todas y, de este modo, las aniquila a todas.
A través de «Más allá de lo habitual», WIN Gallery lleva más allá esta confluencia de presencias y ausencias, yuxtaponiéndola con temas relacionados e interdependientes, entre los que se encuentran: la libertad de pensamiento y sus límites, la interacción entre el objeto y el sujeto de la observación, y el continuo interior-exterior que caracteriza la búsqueda mística de la esencia de las cosas y del ser.
La alquimia estética que propone Carmen Marin no se centra principalmente en la transformación de lo cotidiano en lo sublime, sino en la gracia que emana del acto de «aprender» a ver su función y su relación con el resto. Irónicamente, esto hace que lo extraordinario pueda distinguirse, desearse y, tal vez, en ocasiones, alcanzarse.
Cristian Pascu - Promotor de las artes
Irina Stoenescu - Presidenta
Cătălin Guriță-Manole - Director de Experiencias